En el segundo 0:15, el silencio de la meditación se rompe por un coro de pequeños aullidos y el rítmico golpeteo de patitas sobre la madera. De repente, lo que era una sesión de yoga convencional en Muskoka se transforma en un “caos de seda”: una horda de cachorros Golden Retriever desborda las puertas para abalanzarse sobre los practicantes. No hay postura de “perro boca abajo” que resista este asalto de amor, donde las “lamiditas” reemplazan a los estiramientos y la relajación se convierte en risa
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