Eran apenas los primeros segundos del metraje cuando la mirada de Luna, esa Golden Retriever llena de luz, se cruzó con mi lente y supe que estábamos ante algo especial. En ese preciso instante, cuando su cola comenzó a batir el aire con la potencia de un motor de pura felicidad, entendí por qué este tipo de historias nos roban el aliento. No era solo un Firulais jugando en el jardín; era la esencia misma del viernes personificada en cuatro patas y un pelaje dorado que brillaba intensamente bajo los rayos del sol, recordándonos que la vida es hoy.
Ver a estos ejemplares en acción no es casualidad, pues los Golden Retrievers poseen lo que en el mundo científico llamamos ”
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