Imaginen por un segundo el silencio absoluto de una mañana de invierno en Gimcheon, Corea del Sur. El aire es tan frío que se siente como pequeñas agujas en las mejillas, pero para nuestra protagonista, la pequeña Joy, el mundo acaba de transformarse en un parque de diversiones blanco y esponjoso. Estuve ahí, observando desde la distancia cómo este tierno Firulais asomaba su nariz húmeda por la puerta, sin saber que su vida estaba a punto de cambiar con el primer contacto de sus patitas sobre esa alfombra helada que cubría el jardín de Yuna.
Aunque Joy parece una mezcla encantadora con rasgos de Jindo coreano, una raza conocida por su le
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