“¡Se me puso la piel de gallina al ver cómo se le movía todo el cuerpo de pura emoción!”, es el comentario que más se repite entre los miles de usuarios que han quedado perplejos ante estas imágenes. No estamos viendo simplemente a un perro moviendo la cola por un premio; lo que presenciamos es una explosión de dopamina y oxitocina pura al reconocer a una persona que, aunque ya no forma parte del núcleo familiar, jamás salió de su mapa afectivo. Es un recordatorio de que los vínculos de nuestras mascotas no tienen fecha de caducidad.
Lo que muchos no saben, familia de El Mascoticiero, es que la memoria de nuestros Firulais funciona de manera fascinante y muy distinta a la humana. Mientras nosotros dependemos de recuerdos
¿Te gustó? ¡Compártelo con tus amigos amantes de los animales!