Eran apenas los tres segundos del video cuando Berlin decidió que las leyes de la física eran simplemente una sugerencia. Ver a este Firulais despegarse del suelo con esa expresión de asombro total y la lengua volando al viento fue el recordatorio perfecto de por qué hacemos lo que hacemos aquí en El Mascoticiero. No fue solo un movimiento brusco; fue una explosión de energía cinética que me dejó claro, como testigo de este momento, que la felicidad no necesita mucha ciencia, solo un buen jardín y muchas
¿Te gustó? ¡Compártelo con tus amigos amantes de los animales!