Justo en el segundo cinco, cuando esa pequeña pata delantera toca por primera vez la superficie blanca y fría, el mundo de Rocky cambió para siempre. No hubo duda, ni tampoco un miedo paralizante; lo que presenciamos fue una curiosidad eléctrica que recorrió su columna vertebral mientras intentaba comprender por qué el suelo, de pronto, se sentía como si las nubes se hubieran congelado para jugar con él. Es ese instante preciso de contacto donde la inocencia animal nos regala una lección de vida.
Aunque para nosotros el invierno pueda representar tráfico o frío incómodo, para un canino la nieve es una explosión sensorial sin precedentes. Deben
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