Son las tres de la mañana; el silencio reina en la casa hasta que, justo en el segundo 0:02 del video, las pupilas de ese pequeño gurrumino se dilatan como galaxias en expansión. En un parpadeo, lo que era una noche tranquila se convierte en una pista de carreras de alta velocidad. Ese instante exacto, donde la quietud se rompe por el sonido de las garras contra el piso y el lomo se arquea en señal de pura adrenalina, es el punto de partida para entender uno de los comportamientos más fascinantes y menos comprendidos de nuestros compañeros de vida.
Para nosotros puede parecer una locura transitoria o
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