Todo cambió en el segundo tres, justo cuando la primera gota de agua tibia tocó el lomo dorado de este gran amigo. No hubo ladridos, ni intentos de escape, ni ese drama clásico que muchos vivimos en casa; solo un suspiro de alivio que nos recordó por qué el Reino Animal nunca deja de sorprendernos. Ver a este Firulais entregarse por completo a las manos expertas de “The Dog Detailer” fue como presenciar una sesión de meditación profunda en medio de la espuma, el jabón
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