Imaginen que están tranquilamente en su sillón, disfrutando de un café, cuando de pronto una sombra peluda atraviesa la sala a la velocidad de la luz, rebota en el respaldo del sofá y termina con la mirada fija y las pupilas completamente dilatadas. Yo mismo me he quedado congelado viendo a mis propios compañeros de vida hacer esto. Es ese “momento de locura” que nos deja pensando si nuestro pequeño felino ha perdido el juicio o si, como dicen las abuelas, anda correteando fantasmas por toda la casa.
En el mundo de “El Mascoticiero”, a estas explosiones de energía las conocemos técnicamente como FRAPs (Periodos de Actividad Frenética Aleatoria). Aunque parezca que el gurrumino se volvió loco, este comportamiento es una herencia evolutiva de sus ancestros cazadores que acumulaban energía para la emboscada perfecta. Sin embargo, en el entorno hogareño, estas carreras son un barómetro fascinante de su bienestar emocional y físico; es energía pura que necesita salir disparada por algún lado.
El video que se ha vuelto tendencia muestra ese instante mágico donde un gatito, tras recibir una caricia llena de afecto, activa su “modo turbo”. Sus patas traseras patinan un poco en el piso antes de despegar como un cohete
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