Imaginen por un segundo el silencio inusual en una casa donde antes reinaban las travesuras. En la pantalla vemos a un pequeño Poseidone, un gurrumino de apenas cinco meses, cuya mirada vidriosa y respiración acompasada nos cuentan una historia de vulnerabilidad absoluta. No es el típico gatito saltarín que esperaríamos ver; es un pequeño guerrero enfrentando una fiebre intensa que apagó temporalmente su chispa felina,
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