“Se me hizo un nudo en la garganta al ver cómo esas orejitas se echaban hacia atrás”, fue el comentario que más eco hizo entre los miles de seguidores de El Mascoticiero al presenciar esta escena. Y es que no es para menos; ver a Fuku, este encantador ejemplar de Shiba Inu, perder los estribos de felicidad al ver a su hermana después de solo 72 horas, nos recuerda que para nuestros amigos de cuatro patas, el tiempo se mide en latidos y no en relojes.
Para entender la magnitud de este video, hay que conocer un poco a estos “Firulais” de origen japonés. Los Shiba Inu son conocidos por ser los “gatos del mundo canino”: son independientes, sumamente pulcros y, a menudo, un tanto distantes con los desconocidos. Sin embargo, cuando entregan su corazón, lo hacen con una intensidad que raya en lo melodramático. No es cualquier perro el que protagoniza un video así; es una raza antigua que guarda un respeto sagrado por su manada humana.
En el momento cumbre, cuando la puerta se abre, Fuku no solo mueve la cola; todo su cuerpo se convierte en una danza rítmica de emoción. Lo que más impresiona es el sonido: ese “grito Shiba” que es una mezcla entre un llanto de alegría y un reclamo cariñoso. Sus ojos se entrecierran y sus orejas desaparecen por completo, adoptando esa famosa “cara de foca” que solo muestran cuando el nivel de amor ha superado todos los límites medibles. Es una explosión sensorial de lealtad pura.
La comunidad digital no tardó en bautizarlo como el reencuentro más tierno del mes, pero detrás de las
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