En el segundo exacto en que la primera pata de Forrest hace contacto con ese manto blanco y gélido, el tiempo parece detenerse. Hay un instante de absoluta perplejidad, una pausa dramática donde este tierno Firulais mira hacia abajo intentando descifrar si el suelo se ha convertido en azúcar o en magia. Es ese segundo 0:05 el que marca el inicio de una transformación épica: de un perro tranquilo de casa a un explorador ártico lleno de una energía que desborda la pantalla.
Forrest, un ejemplar que rebosa vitalidad, nos demuestra que el asombro no tiene edad ni especie. Debemos recordar que los caninos poseen una sensibilidad asombrosa en sus almohadillas, las cuales están
¿Te gustó? ¡Compártelo con tus amigos amantes de los animales!