Imaginen el silencio de una tarde cualquiera, interrumpido únicamente por el suave rítmico de unas patitas sobre el piso de madera y el sonido seco de un juguete aterrizando frente a su humana. No es un labrador emocionado, sino Rory, una felina que ha decidido que las reglas de su especie no aplican para ella, manteniendo una intensidad de juego que dejaría exhausto a cualquier deportista de élite. En este rincón del internet, hemos sido testigos de una hazaña de persistencia que rompe con todos los mitos sobre la supuesta indiferencia de los felinos.
Aunque solemos asociar el acto de “cobrar” o traer la pelota exclusivamente con nuestros queridos Firulais, la ciencia nos dice
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